Armada Española y fragata Ariete: el naufragio en la Costa da Morte que marcó 1966
La Armada Española conmemora en 2026 el sesenta aniversario de la pérdida de la fragata Ariete, un buque que simbolizó el esfuerzo de reconstrucción naval tras la Guerra Civil. La efeméride devuelve a la actualidad un siniestro ocurrido el 25 de febrero de 1966 en la costa de Galicia, en una de las zonas más temidas por los marinos.
La historia del Ariete no puede entenderse sin el contexto de la posguerra. En 1942, el régimen impulsó un ambicioso Programa Naval destinado a renovar una flota envejecida. El objetivo era doble: modernizar las capacidades militares y reforzar la industria nacional a través de la construcción en astilleros propios.
Un proyecto naval en plena modernización
Los torpederos de la serie Ariete, numerales D31 a D39, se inspiraron en el diseño francés de la clase Le Fier. Su construcción fue encomendada al entonces Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares en Ferrol. Las dificultades técnicas y el aislamiento internacional retrasaron los plazos previstos.
Con el paso de los años, y tras los acuerdos firmados con Estados Unidos el 26 de septiembre de 1953, la serie fue modificada dentro del Plan de Modernización activado en 1957. Los buques fueron reclasificados sucesivamente como cazasubmarinos, destructores antisubmarinos y, finalmente, fragatas rápidas.
Características técnicas del Ariete
El Ariete desplazaba 1.542 toneladas y medía 93,93 metros de eslora, con una manga de 9,5 metros y un calado de 4,5 metros. Su propulsión corría a cargo de dos turbinas Tateau-Bretagne con una potencia conjunta de 30.000 caballos, lo que le permitía alcanzar cerca de 30 nudos.
La autonomía rondaba las 3.800 millas a velocidad económica de 14 nudos. Su armamento incluía dos cañones automáticos de 76,2 mm, piezas antiaéreas Bofors de 40,7 mm, erizos antisubmarinos MK-11, morteros lanzacargas MK-6 y sistemas para torpedos. Un equipamiento notable para una plataforma de dimensiones contenidas.
De Ferrol a Cartagena
La quilla del Ariete fue colocada el 3 de agosto de 1945. La botadura se produjo el 24 de febrero de 1955, y no sería entregado a la Armada hasta el 7 de febrero de 1961. Fue la sexta unidad de una serie de nueve.
Las nueve fragatas quedaron basadas en Cartagena. Sin embargo, las grandes carenas debían realizarse en Ferrol, donde se había construido la serie. A comienzos de 1966, tras un periodo prolongado de obras que incluyó la Navidad de 1965, el Ariete recibió orden de reincorporarse a su base en el Mediterráneo.
El temporal que cambió la historia
El 24 de febrero de 1966 el buque zarpó de Ferrol rumbo a Cartagena. Esa misma tarde comenzó a intensificarse una borrasca en la costa atlántica gallega. Durante la madrugada, el temporal arreciaría con fuerza excepcional.
La fragata quedó sin propulsión y a merced de la mar. Se emitieron mensajes de auxilio. El petrolero Camporraso acudió en primer lugar y logró establecer remolque, pero el cable terminó partiéndose. Posteriormente, la fragata Vicente Yáñez Pinzón intentó repetir la maniobra sin éxito.
Varada en la Playa de Ardeleiro
Empujado por viento y oleaje, el Ariete fue arrastrado hacia la zona de Los Meixidos, en la conocida Costa da Morte. Finalmente quedó varado en la Playa de Ardeleiro el 25 de febrero de 1966. La zona es considerada por los marineros como una necrópolis del océano debido al elevado número de naufragios registrados a lo largo de los siglos.
A bordo se encontraban 168 hombres. No hubo víctimas mortales. Los vecinos de las localidades próximas participaron activamente en el rescate, un gesto que quedó grabado en la memoria colectiva y que reforzó el carácter humanitario atribuido a la villa de Muros.
El testimonio de los supervivientes
Seis décadas después, apenas sobreviven algunos de aquellos marinos. Entre ellos, antiguos suboficiales y cabos que recuerdan la orden más difícil transmitida aquella madrugada: la decisión de abandonar el buque al considerarlo irremediablemente perdido.
El comandante, capitán de corbeta Francisco Carrasco Ruiz, asumió la responsabilidad en medio del temporal. La transmisión del mensaje a la Jefatura de la Armada marcó el punto final de la fragata Ariete como unidad operativa.
Un símbolo en la memoria de la Armada Española
La pérdida de la fragata Ariete supuso un golpe material para la Armada Española, que aún consolidaba su proceso de modernización. Sin embargo, el hecho de que no se produjeran víctimas reforzó la percepción de profesionalidad y coordinación en una situación extrema.
Sesenta años después, el naufragio del 25 de febrero de 1966 permanece como uno de los episodios más recordados de la historia naval contemporánea. La Armada Española mantiene vivo el recuerdo de la fragata Ariete, cuyo encallamiento en la Costa da Morte sigue evocando la dureza del mar y la fragilidad de cualquier travesía frente a un temporal.