El tipo de robo que se extiende por España y se convierte en tendencia
El robo de neumáticos y llantas se ha disparado en los últimos meses, transformando los aparcamientos públicos en improvisados "supermercados" de piezas donde las mafias actúan con una rapidez quirúrgica y una impunidad que desespera a los propietarios.
Las ciudades de Valencia y Barcelona lideran esta preocupante estadística con incidentes de especial gravedad. En el barrio valenciano de Campanar, los vecinos han denunciado recientemente el desvalijamiento sistemático de vehículos, mientras que en las inmediaciones del aeropuerto de El Prat se contabilizaron, en noviembre de 2024, más de diez coches saqueados en un solo aparcamiento.
La eficacia de estas bandas radica en la velocidad de ejecución. En apenas unos minutos, los asaltantes elevan el chasis con gatos hidráulicos, retiran las ruedas y abandonan el coche sobre bloques. Además de esta técnica, las autoridades han detectado el auge del método del "punxarodes": un pinchazo provocado deliberadamente para forzar al conductor a detenerse y, en ese momento de vulnerabilidad, asaltar el interior del habitáculo.
El lucrativo negocio de la reventa
El móvil de esta lacra es estrictamente económico. Un juego de llantas de gama media-alta puede alcanzar un valor de miles de euros en el mercado negro. Su reventa resulta extremadamente sencilla a través de portales de anuncios y redes sociales, ya que estas piezas no poseen números de serie que permitan un rastreo eficaz. Los componentes terminan rápidamente en talleres clandestinos o son canalizados mediante redes de exportación ilícita hacia otros países.
Ante el incremento de la inseguridad, muchos conductores en Madrid han optado por colocar carteles en sus ventanillas advirtiendo de que no hay objetos de valor en el interior, aunque esta medida resulta inútil frente al robo de componentes exteriores. La recomendación de los expertos es taxativa: es imprescindible instalar tuercas antirrobo que requieran llaves específicas y priorizar el uso de alarmas con sensores de inclinación. La calle, hoy más que nunca, se ha convertido en el escaparate gratuito de una delincuencia organizada que no encuentra freno.