Cobrar las bolsas de plástico ha incentivado su compra, según un estudio
Las bolsas de plástico forman parte del día a día. Desde hace años son el complemento de cualquier compra, desde el supermercado hasta la tienda de ropa. Su uso masivo y el impacto ambiental derivado de su fabricación y abandono en el entorno llevaron a las autoridades a regular su distribución para fomentar hábitos más sostenibles.
En España, el marco normativo lo establece el Real Decreto 293/2018, que regula la reducción del consumo de bolsas de plástico y ha supuesto un cambio importante tanto para clientes como para comerciantes.
Qué dice la ley sobre las bolsas de plástico
La normativa prohíbe la entrega gratuita de bolsas ligeras y muy ligeras, salvo excepciones concretas. Desde el 1 de enero de 2021, las bolsas deben cobrarse obligatoriamente, con precios orientativos fijados en:
- 5 céntimos para bolsas de espesor inferior a 15 micras.
- 15 céntimos para bolsas entre 15 y 50 micras.
- 15 céntimos para bolsas de 50 micras o más (10 céntimos si contienen al menos un 50 % de plástico reciclado).
Quedan exentas de cobro las bolsas muy ligeras destinadas a alimentos a granel. como fruta, verdura, carne o pescado, por motivos de higiene.
Las bolsas de mayor espesor (igual o superior a 50 micras) pueden seguir entregándose siempre que incorporen al menos un 50 % de plástico reciclado y no sean gratuitas, salvo que superen el 70 % de material reciclado.
Por su parte, las bolsas compostables, fabricadas con fécula vegetal y que cumplen la norma UNE-EN 13432:2001, deben depositarse en el contenedor de residuos orgánicos. Además, la normativa se alinea con el Real Decreto 1055/2022 y con la legislación europea sobre envases y residuos.
El objetivo era claro: reducir el consumo de plástico de un solo uso y concienciar al consumidor. Sin embargo, un estudio reciente sugiere que el resultado no ha sido exactamente el esperado.
Un efecto inesperado: más bolsas pese al cobro
Una investigación publicada en el Journal of Marketing Research y liderada por Hai Che, profesor de la Universidad de California en Riverside, analizó el impacto de las restricciones a las bolsas de un solo uso en ciudades como Austin y Dallas.
El estudio concluye que, en determinados contextos, cobrar por las bolsas ha provocado un aumento en la compra de plástico. ¿La razón? Muchos consumidores reutilizaban las bolsas gratuitas como bolsas de basura domésticas. Al dejar de recibirlas sin coste, comenzaron a comprar bolsas específicas para residuos, incrementando así el volumen total de plástico adquirido.
“Esperábamos que los consumidores redujeran el uso de productos desechables, pero observamos un incremento en la compra de plástico”, explicó el investigador principal.
En Dallas, donde se aplicó un impuesto de cinco céntimos por bolsa durante apenas cinco meses en 2015, las ventas descendieron inicialmente tras su retirada, pero volvieron a niveles previos en poco más de un año. En Austin, donde la prohibición se mantuvo durante cinco años antes de ser anulada judicialmente, las compras de bolsas seguían casi un 40 % por encima del nivel inicial 18 meses después de su derogación.
¿Fracaso de la medida?
El estudio no concluye que la regulación sea inútil, pero sí señala que las políticas ambientales pueden generar comportamientos no previstos. Aunque se redujo el uso de bolsas gratuitas en caja, aumentó la compra de bolsas destinadas a otros fines.
No obstante, también se detectaron efectos positivos: más consumidores comenzaron a utilizar bolsas reutilizables de tela, y cuanto más tiempo estuvo vigente la norma, más se consolidaron ciertos hábitos sostenibles.
Los investigadores apuntan que pequeñas reducciones en el uso de bolsas de supermercado pueden compensar parcialmente el aumento en bolsas de basura, lo que podría mantener un balance ambiental positivo a largo plazo.
El debate continúa
La regulación española obliga a cobrar las bolsas de plástico, pero no impone esa obligación a las bolsas de papel, que quedan a criterio del comerciante. Algunas cadenas justifican su cobro como una medida para evitar el consumo excesivo, mientras que otras lo presentan como una forma de cubrir costes.
El debate de fondo sigue abierto: ¿es suficiente cobrar por un producto para reducir su uso? El estudio sugiere que el comportamiento del consumidor es más complejo de lo que parece y que, en algunos casos, la medida puede tener un efecto rebote.
En cualquier caso, el objetivo ambiental permanece: reducir residuos y avanzar hacia modelos de consumo más responsables. La cuestión ahora es cómo diseñar políticas que no solo cambien hábitos en el momento de la compra, sino que transformen realmente la relación de los consumidores con el plástico.