Hillary Clinton niega ante el Congreso conocer a Epstein
Los archivos Epstein vuelven a saltar a primera línea de fuego, y esta vez lo hacen rozando la cúpula política estadounidense. Este jueves testificó ante el Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes la excandidata presidencial y exsecretaria de Estado, Hillary Clinton, como parte de la investigación que está llevando a cabo el Congreso sobre el fallecido pederasta Jeffrey Epstein y sus relaciones con las más altas esferas.
La comparecencia se celebró en Chappaqua, a unos 55 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York, donde los Clinton fijaron su residencia tras salir de la Casa Blanca en 2001. Este viernes está citado también el expresidente Bill Clinton, que testificará en el mismo formato.
El testimonio de la demócrata fue a puerta cerrada y grabado, con el compromiso de que se difundirían las transcripciones al finalizar una vez todos los congresistas estuvieran de acuerdo. A día de hoy no existen acusaciones penales contra los Clinton, la comparecencia de este jueves y la que tendrá lugar el viernes están destinadas a esclarecer los posibles vínculos del matrimonio, si los hubo, y de qué naturaleza, con el fallecido pederasta.
La declaración comenzó con un breve retraso y tras las comparecencias públicas de varios congresistas a las puertas del Chappaqua Performing Arts Center, donde Hillary testificó.
La demócrata pidió que Donald Trump fuera llamado a declarar «bajo juramento» ante la comisión. Volvió a insistir en que no tenía conocimiento sobre las actividades criminales de Epstein y que no conoció a este en persona. «No recuerdo haberme encontrado nunca con el señor Epstein. Nunca volé en su avión ni visité su isla, sus casas ni sus oficinas. No tengo nada que añadir», dijo.
También acusó al comité de pedirle testificar a ella, «a sabiendas de que no tengo conocimiento que sirva para su investigación, con el objetivo de distraer la atención de las actividades del presidente Trump y encubrirlo a pesar de la legítima petición de respuestas». Su dureza con la comisión fue implacable, denunciando un trato de favor del Departamento de Justicia a personas poderosas y la no defensa de las víctimas, así como una poca voluntad por conocer la auténtica verdad de los hechos. Recordó, además, que la Administración Trump puso fin a la Oficina sobre trata de personas del Departamento de Estado y recortó en un 70% el personal dedicado a asuntos civiles y relaciones exteriores «que trabajaron duro para prevenir delitos de trata».
El matrimonio había pedido que las declaraciones fueran públicas, pero el comité insistió en hacerlas a puerta cerrada, una medida que el exmandatario denunció como «pura política», asegurando a través de una publicación en X que «si quieren respuestas, dejemos de jugar y hagámoslo de manera correcta, en una audiencia pública, donde el pueblo pueda ver por sí mismo de qué se trata realmente».
Su testimonio llega después de tres meses de tensas conversaciones con el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, controlado por los republicanos. En un principio, los Clinton rechazaron las citaciones que les obligaban a testificar, y trataron de presentar declaraciones juradas, pero se rechazó su petición, y el presidente del grupo, James Comer, amenazó a la pareja con presentar cargos por desacato. Ante la presión, se fijó fecha para los testimonios de ayer y hoy.
Es la primera vez en EE UU que un expresidente se ve forzado a declarar en el Congreso a pesar de su reticencia, pero el huracán Epstein se ha convertido en una cuestión crucial y los demócratas son conscientes de la desconfianza que genera todo lo relacionado con este caso. Por eso, desde el principio se han mostrado partidarios de que sus compatriotas de partido declararan, en una muestra de máxima transparencia. Incluso la expresidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, coincidió en que era necesario que el comité entrevistara a cualquier persona que considerara pertinente.
Se ha citado a una larga lista de excargos para declarar en esta investigación, la mayoría demócratas, pero entre ellos no está Trump, a pesar de que su nombre aparece en repetidas ocasiones en los archivos Epstein. El comité sostiene que no hay base suficiente para llamarle a testificar, lo que la oposición ha tachado de «engaño». El presidente siempre ha negado su relación con el pederasta fallecido, y ha utilizado el apellido Clinton para desviar la atención de las acusaciones públicas contra él.