Con pilón, coco y cariño: los platos típicos dominicanos que cuentan la historia de cada región
Este artículo fue publicado originalmente en El Día.
Santo Domingo.- La gastronomía dominicana es una extensión de su gente: sencilla, abundante y cargada de historia. Cada plato típico nace de una región, de una necesidad y de una forma muy nuestra de sentarnos a la mesa, donde siempre hay un “échale un chin más” y nadie se queda sin comer.
En el Cibao, corazón agrícola del país, reina el mangú, hecho a base de plátanos verdes hervidos y majados hasta quedar cremosos.
Se acompaña con “los tres golpes”: queso frito, salami y huevo, una combinación que no falla y que sabe a desayuno de campo, a casa y a familia reunida desde temprano. El mangú es símbolo nacional, pero en el Cibao se defiende como suyo, con orgullo y sazón.
En la región Este, especialmente en Samaná, la cocina tiene olor a mar y a coco. Allí se prepara el famoso pescado con coco, donde la leche de coco natural se mezcla con ajíes, cebolla y especias, creando un caldo espeso que se pega al arroz blanco.
Es un plato que habla de herencia afrocaribeña y de comunidades costeras que aprendieron a cocinar con lo que da la tierra y el mar.
En el Sur profundo, sobre todo en San Juan y Elías Piña, el plato que manda es el chenchén con chivo guisado. El chenchén se elabora con maíz seco partido y su preparación tradicional incluye los tres golpes.
El primer golpe rompe el grano para quitarle la cáscara; el segundo lo afina y empareja; y el tercero le da la textura exacta, ni muy fino ni muy grueso. Ese proceso, hecho a pilón y con paciencia, es lo que permite que el chenchén quede suelto, sabroso y listo para absorber el caldo del chivo. No es solo comida, es cultura viva del Sur.
También en el Sur, especialmente en zonas rurales, se prepara el chacá, un postre espeso a base de maíz, leche y especias, muy común en Semana Santa.
Es un plato humilde, pero lleno de simbolismo, que se comparte entre vecinos y familiares, porque aquí el dulce siempre se reparte.
En Monte Cristi y parte de la Línea Noroeste se destaca el chivo liniero, famoso por su sabor intenso gracias a la crianza del animal y al uso generoso de orégano, ajo y ajíes. Es un plato fuerte, de esos que se cocinan despacio y se comen con respeto, acompañado de moro o arroz blanco.
En distintas zonas del país, sobre todo en campos y pueblos, sigue presente el sancocho, el plato de los encuentros.
No importa si es de siete carnes o más sencillo, el sancocho se hace cuando hay motivo: una celebración, un cumpleaños, una visita importante o simplemente ganas de juntarse. Es comida que abraza y que siempre sabe mejor al otro día.
Cada uno de estos platos cuenta una historia: de resistencia, de herencia, de identidad. La comida dominicana no es solo lo que se sirve en el plato, es la conversación alrededor de la mesa, el pilón sonando en el patio, el coco rallado a mano y el orgullo de decir: esto es de aquí, esto es nuestro.
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