Los sensores del neumático, bajo sospecha por riesgo de rastreo
El aviso lo firma IMDEA Networks, que junto a socios europeos ha analizado durante 10 semanas el comportamiento inalámbrico del Sistema de Monitorización de Presión de Neumáticos (TPMS). Este sistema es obligatorio en la Unión Europea desde noviembre de 2014 para turismos nuevos, según el Reglamento (CE) nº 661/2009 y su desarrollo posterior, por su contribución a reducir siniestros y mejorar el consumo de combustible.
Lo que parecía una simple alerta de presión baja es, en realidad, un emisor de radio permanente. Cada rueda integra un pequeño sensor alimentado por batería que transmite datos al vehículo. Y ahí empieza el problema.
El dato clave del estudio: los investigadores lograron recopilar más de 6.000.000 de mensajes procedentes de 20.000 vehículos distintos utilizando receptores de radio de bajo coste, colocados cerca de carreteras y aparcamientos. Sin cámaras. Sin acceso físico al coche. Solo escuchando el aire.
El TPMS: obligatorio por seguridad, vulnerable por diseño
Qué es y cómo funciona
- Integra un sensor en cada rueda que mide presión (y a veces temperatura).
- Emite por radiofrecuencia datos periódicos al receptor del coche.
- Opera incluso con el vehículo en movimiento.
- No cifra la señal en muchos modelos actuales.
Según explica el profesor Domenico Giustiniano, de IMDEA Networks, en la nota difundida en 2025, “nuestros resultados demuestran que estas señales pueden usarse para seguir a los vehículos y conocer sus patrones de movimiento”. La clave técnica está en que cada sensor emite un identificador único (ID) fijo en claro, sin cifrado ni autenticación.
En términos prácticos: si un receptor capta hoy la señal de tu coche en un aparcamiento de oficina, podrá reconocerlo mañana en otro punto de la ciudad. No necesita saber tu matrícula. Solo comparar el ID de radio.
Más barato que una cámara y más difícil de detectar
La vigilancia tradicional de tráfico se apoya en cámaras con lectura de matrículas. Requieren visibilidad directa, buena iluminación y una infraestructura costosa. Aquí hablamos de algo distinto: señales de radio que atraviesan paredes, otros vehículos e incluso estructuras ligeras.
Durante el experimento, los investigadores comprobaron que podían capturar mensajes desde distancias superiores a 50 metros, incluso con vehículos en movimiento. En algunos casos, las señales se registraron cuando el coche estaba dentro de edificios o parkings cubiertos.
Qué información puede inferirse
- Rutinas diarias: hora de llegada al trabajo o regreso a casa.
- Frecuencia de visitas a determinados lugares.
- Tipo de vehículo, a partir de patrones de presión.
- Posibles cargas pesadas (variaciones anómalas en presión).
El estudio apunta, además, que las lecturas de presión podrían permitir inferir si un turismo transporta peso adicional de forma habitual o si se trata de un vehículo comercial. Es decir, no solo se identifica el coche: también se dibuja su comportamiento.
“Sin cifrado ni autenticación, los sensores de los neumáticos siguen siendo un objetivo fácil para la vigilancia pasiva”, advierte el equipo investigador. Y aquí aparece la grieta regulatoria.
La normativa de ciberseguridad no mira a las ruedas
La nueva regulación europea sobre ciberseguridad en vehículos obliga a fabricantes a implementar sistemas de gestión de riesgos digitales. Sin embargo, el TPMS no siempre ha sido tratado como un vector crítico.
Paradójicamente, el sistema nació para salvar vidas. Según la Comisión Europea, una presión incorrecta puede aumentar el consumo hasta un 4 % y reducir la vida útil del neumático en un 45 %. También incrementa el riesgo de reventón a alta velocidad. El olor a goma caliente en verano no es casualidad.
Pero la seguridad vial y la privacidad no siempre viajan en el mismo carril. El estudio de IMDEA Networks sugiere que futuras generaciones de TPMS deberían incorporar cifrado robusto y mecanismos de rotación de identificadores, similares a los utilizados en dispositivos móviles.
¿Hay riesgo real para el conductor?
No estamos ante un “hackeo” clásico que permita controlar el vehículo. No se trata de tomar el volante a distancia ni de alterar la presión. El riesgo es distinto: seguimiento pasivo y silencioso. Invisibilidad tecnológica.
En un contexto donde los coches ya generan datos de geolocalización, telemetría y conectividad permanente, el TPMS añade una capa inesperada. Y lo hace con hardware barato, accesible y difícil de rastrear.
La pregunta incómoda es evidente: ¿cuántos sistemas más emiten identificadores únicos sin que el conductor lo sepa? Si algo demuestra este estudio es que la ciberseguridad no solo está en el software del salpicadero. También en la válvula del neumático, en esa pieza que apenas pesa unos gramos y que lleva casi 20 años rodando con nosotros.
El debate ya está sobre la mesa. Y esta vez no viene del motor, sino del aire que lo sostiene.