Un experto advierte sobre el uso de velas arómaticas tras un experimento que reveló emisiones cancerígenas: "Son de las mayores fuentes de contaminación en interiores"
Encender una vela puede crear un ambiente acogedor, pero también podría estar afectando a la salud sin que lo notemos. Nuevas investigaciones advierten de que el humo generado por las velas —especialmente en espacios mal ventilados— libera compuestos químicos asociados al cáncer y a enfermedades respiratorias.
En el Reino Unido, donde el 64% de los hogares utiliza velas aromáticas con regularidad, los expertos alertan de que los perfumes sintéticos y ciertos tipos de cera podrían estar contaminando el aire de las viviendas.
La mayoría de las velas comerciales están hechas de parafina, un subproducto del refinado del petróleo que se comercializa a veces como “cera mineral”. Cuando se quema, libera pequeñas cantidades de compuestos orgánicos volátiles (VOCs) como benceno, tolueno y formaldehído, todos ellos clasificados como carcinógenos o irritantes respiratorios en niveles elevados.
Además, la combustión produce hidrocarburos similares a los presentes en los gases de escape de los vehículos. Si la mecha es demasiado larga o la vela arde de forma irregular, la cantidad de hollín y partículas aumenta.
Fragancias sintéticas y ftalatos: otro foco de preocupación
Las velas perfumadas pueden liberar ftalatos, sustancias empleadas para fijar aromas y que algunos estudios relacionan con alteraciones hormonales. Aunque la evidencia aún se investiga, los expertos recomiendan moderar su uso, especialmente en hogares con niños, personas asmáticas o adultos mayores.
Un investigador de la Universidad de Aarhus (Dinamarca) describió en The Conversation experimentos que muestran que las partículas emitidas por velas encendidas son extremadamente pequeñas, de apenas 7–8 nanómetros. Son mucho más diminutas que las generadas al cocinar (unos 80 nm), lo que facilita que penetren profundamente en los pulmones e incluso pasen al torrente sanguíneo.
El humo de las velas también contiene PAHs (hidrocarburos aromáticos policíclicos), dióxido de nitrógeno y hollín, sustancias asociadas a inflamación, irritación de las vías respiratorias y mayor riesgo de cáncer. Estas partículas pueden dejar manchas negras en paredes y techos.
Efectos en la salud: desde irritación hasta riesgo cardiovascular
Los experimentos citados muestran que la exposición a emisiones de velas puede provocar irritación de las vías respiratorias, aumento de marcadores inflamatorios, reducción de la función pulmonar y efectos cardiovasculares. Los grupos más vulnerables incluyen personas con asma, enfermedades respiratorias crónicas, niños y mayores.
Las partículas emitidas por velas son similares en tamaño y composición a la contaminación PM2.5, asociada a enfermedades cardiovasculares, cáncer y deterioro cognitivo. Un estudio reciente de la Universidad de Emory (EE. UU.) concluyó que cada pequeño aumento de PM2.5 se relaciona con un 9% más de riesgo de Alzheimer, cifra que sube al 11% en personas que han sufrido un ictus.
Los expertos recomiendan limitar el tiempo de combustión y ventilar la habitación después de usarlas, recortar la mecha para reducir el hollín, evitar corrientes de aire, no encender velas cerca de personas con problemas respiratorios y optar por alternativas como LED o velas de cera vegetal (soja, colza, abeja), que generan menos emisiones.