Mercados, política y sociedad en crisis: guerra en Irán profundiza la polarización en EE.UU.
La política interna de Estados Unidos atraviesa uno de los momentos más tensos de la historia reciente. Antes de las hostilidades que dieron inicio a la guerra en Irán, el país se encontraba profundamente polarizado y el conflicto bélico provocó que esa tensión llegara a un punto de ebullición.
La decisión del presidente Donald Trump de ordenar una operación militar de gran escala sin la aprobación previa del Congreso abrió un debate constitucional, que no solo enfrenta a demócratas y republicanos, sino que también está fracturando al propio movimiento “MAGA”. Todo esto ocurre, con las elecciones de medio término a la vuelta de la esquina y con un clima social y económico cada vez más volátil.
La guerra en el congreso muestra la fractura del movimiento “MAGA”
El epicentro se encuentra en el Congreso, la Cámara de Representantes rechazó por un estrecho margen de 212 contra 219 votos una resolución bipartidista que buscaba obligar al retiro de las tropas estadounidenses del conflicto. En el Senado una medida equivalente fue rechazada por 47 votos contra 53. Aunque la mayoría republicana respaldó a Trump, las votaciones han evidenciado divisiones dentro del propio partido.
El congresista republicano, Lindsey Graham, portando la bandera de Irán con el símbolo del sol y el león, símbolo de la monarquía Pahlavi en una manifestación en Munich, Alemania. Vía X@LindseyGrahamSC.
Para los republicanos alineados con la Casa Blanca, la intervención militar es presentada como una acción preventiva necesaria para detener el programa nuclear iraní y frenar lo que consideran décadas de agresión por parte de Teherán. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, y el senador Lindsey Graham han respaldado abiertamente la operación militar. Graham incluso llegó a calificar la ofensiva como el cambio más histórico en Medio Oriente en mil años.
Sin embargo, dentro del propio Partido Republicano han surgido voces críticas que cuestionan tanto la legalidad como la conveniencia estratégica de esta guerra. Legisladores del ala libertaria y no intervencionista, como el congresista Thomas Massie, se unieron a los demócratas para denunciar que la operación militar viola la Constitución al no haber sido autorizada por el Congreso. Para este sector, la guerra representa una ruptura directa de los pilares del discurso político que llevó a Trump al poder, la promesa de evitar nuevas guerras en Medio Oriente y concentrarse en los problemas internos de Estados Unidos.
Los demócratas, por su parte, han centrado su ofensiva política en el costo humano y económico del conflicto. Argumentan que la guerra no solo es ilegal e inconstitucional, sino que además fue iniciada sin una justificación clara ni un plan de salida definido.
Pero quizás el fenómeno político más significativo es la creciente rebelión dentro del propio movimiento “America First”. Muchos de los votantes y figuras que impulsaron el ascenso político de Trump sienten que la guerra contradice directamente la promesa central de su proyecto político, mientras se multiplican las críticas que sostienen que esta guerra responde más a los intereses de Israel que a los intereses nacionales de Estados Unidos.
Algunos críticos han comenzado a referirse al conflicto como la llamada “guerra de Epstein”, una acusación que sugiere que la escalada militar estaría siendo utilizada para desviar la atención del caso Epstein.
Una de las voces más influyentes en esta crítica ha sido la del comentarista Tucker Carlson, quien acusó abiertamente que Estados Unidos fue arrastrado a esta guerra por la presión del gobierno israelí. Carlson afirmó que la decisión de ir a la guerra no fue tomada realmente por Washington, sino por el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu.
Las declaraciones del secretario de Estado, Marco Rubio, también alimentaron esta controversia. Explicó que Estados Unidos decidió atacar porque Israel ya estaba preparado para hacerlo y existía el temor de que Irán respondiera atacando bases estadounidenses en la región. Para críticos como el comentarista Matt Walsh, estas palabras fueron interpretadas como una admisión implícita de que Washington actuó en gran medida para proteger a Israel de las consecuencias de su propia ofensiva.
Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos. Foto: Embajada de Estados Unidos en Chile.
Una sociedad dividida y un mercado en alerta
Las encuestas más recientes indican que solo un 27% de los estadounidenses aprueba la participación directa de Estados Unidos en la guerra. Incluso entre quienes consideran que el programa nuclear iraní representa una amenaza real, existe un alto nivel de escepticismo sobre la estrategia del gobierno. Una encuesta reciente indica que cerca del 60% de los ciudadanos no confía en que el presidente tenga un plan claro para manejar el conflicto.
Manifestaciones se han registrado en ciudades como Washington D.C., Nueva York y Minneapolis, con miles de personas saliendo a las calles para exigir el fin de la guerra. Cercanos al gobierno han calificado a los manifestantes como amenazas internas, alimentando las tensiones.
A esta crisis política se suma una creciente incertidumbre económica. El cierre de facto del estrecho de Ormuz ha provocado un fuerte aumento en el precio del petróleo, que ha alcanzado niveles cercanos a los 94 dólares por barril, su punto más alto desde el 2022. Este aumento se ha traducido rápidamente en un incremento en los precios de la gasolina dentro de Estados Unidos, afectando directamente a la clase trabajadora, Trump insiste que esto es solo un fenómeno pasajero.
Los mercados financieros han reaccionado con nerviosismo ante esta combinación de guerra e incertidumbre económica. Solo hoy, el índice Dow Jones cayó cerca de 900 puntos, el S&P 500 cayó cerca de un 0,96%.
Este movimiento refleja el temor a un escenario de estanflación, una situación particularmente compleja en la que la economía enfrenta simultáneamente inflación alta y crecimiento débil.
La preocupación de los inversores se ha intensificado tras la publicación de un informe laboral que mostró la destrucción de 92 mil empleos durante el último mes, la mayor caída desde la pandemia.
Esta combinación de inflación energética y deterioro del mercado laboral coloca a la Reserva Federal en una posición extremadamente difícil. Si baja las tasas de interés para estimular la economía, corre el riesgo de alimentar aún más la inflación. Pero si mantiene las tasas altas para contener los precios, podría profundizar la desaceleración económica.
Principales compañías que cotizan en bolsa registran enormes pérdidas este viernes 6 de marzo. Vía X@Proofofgrowth1
Las aerolíneas y las empresas de logística han sufrido fuertes caídas debido al aumento del costo del combustible y al cierre del espacio aéreo en varias zonas de Medio Oriente. Las empresas tecnológicas también han sido golpeadas por el temor a tasas de interés elevadas durante más tiempo, elevando los riesgos de que la burbuja de la IA estalle.
En contraste, las compañías del sector energético y de defensa han registrado ganancias, beneficiándose directamente del aumento del gasto militar y del alza del precio del petróleo.
Elecciones a la vuelta de la esquina
Las primarias ya comenzaron en estados clave como Texas y Carolina del Norte, y el clima político no podría ser más complejo para el partido gobernante. Históricamente, el partido del presidente suele perder escaños en las elecciones de medio término y las encuestas actuales muestran un panorama particularmente difícil para los republicanos.
El índice de aprobación de Donald Trump se sitúa en torno al 36% (antes de la guerra), mientras que cerca del 60% desaprueba su gestión. Además, más de la mitad de los votantes afirma tener una visión negativa de su desempeño de cara a estas elecciones, y cerca del 65% de los ciudadanos cree que la situación económica del país ha empeorado.
A esto se suma un fenómeno preocupante para el Partido Republicano, un número creciente de legisladores ha decidido no presentarse a la reelección. Más de dos docenas de representantes y varios senadores han anunciado su retiro ante el temor de una derrota aplastante.
Si los demócratas logran recuperar el control del Congreso, podrían bloquear gran parte de la agenda legislativa del presidente e incluso abrir la puerta a un proceso de impeachment.
En este contexto extremadamente polarizado, Estados Unidos entra en una fase de alta inestabilidad institucional. El recuerdo de la toma del capitolio en enero de 2021 sigue presente en la memoria colectiva del país. Esta combinación de guerra externa, crisis económica y polarización política interna está creando uno de los escenarios más inciertos que el país norteamericano ha enfrentado en décadas.