No entierren tan rápido a la bombona de butano, aún sigue muy viva
El "butanero" que anunciaba su llegada al barrio con el claxon de su camión y el estruendo que producía el movimiento de las bombonas contra las barras metálicas de la caja donde las transportaba forma parte de los recuerdos de la vida cotidiana de millones de españoles de décadas atrás. Poco a poco, la implantación del gas natural canalizado y de otras fuentes energéticas para abastecer servicios como la calefacción o el agua caliente han ido, sin embargo, apagando esos ecos. Pero ni mucho menos los han hecho desaparecer. Porque la tradicional bombona de butano naranja sigue más viva de lo que parece.
Es un hecho estadístico incuestionable que esta fuente de energía ha perdido peso con el paso de los años. Actualmente, se consumen aproximadamente 64,5 millones de envases de gas licuado de petróleo (GLP) de distintas capacidades, incluida la tradicional bombona de butano de 12,5 kilos. Sin embargo, entre 2010 y 2021, el consumo total de GLP envasado ha caído más de un 25%, según datos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.
Pero tal retroceso no ha acabado por enterrar a la bombona de butano, que ha sabido encontrar su lugar en el nuevo mundo energético. Según datos de la Asociación de Distribuidores de Gases Licuados del Petróleo (Fedglp), la principal del sector con más de 130 empresas adheridas, en la actualidad, los GLP satisfacen la demanda de más de 6 millones de hogares, siendo todavía la energía para 15 millones de personas.
Opción o elección
Para muchos de estos consumidores, la bombona de butano no es una opción sino una necesidad. En entornos rurales de difícil acceso para otro tipo de energías, el camión del butano es la única alternativa con la que tener agua caliente o energía para cocinar.
Otros, sin embargo, la eligen por delante de otras opciones, tanto por sus cualidades como por cuestiones económicas.
Marta, murciana de 29 años, asegura que en la segunda residencia que tiene su familia, aunque tienen un calentador eléctrico "para la cocina, hemos decidido usar un fogón con butano porque nos permite controlar el gasto".
A diferencia de otras fuentes energéticas que tienen unos gastos fijos asociados a impuestos o peajes, del butano se paga lo que se consume. El precio de la bombona de 12,5 kilos, además, está regulado y se revisa cada dos meses. Concretamente, el tercer martes de los meses impares (enero, marzo, mayo, julio, septiembre, noviembre), por resolución de la Dirección General de Política Energética y Minas. Y aunque en los últimos años ha subido, desde 2022 ha oscilado en una horquilla entre los 15 y los 20 euros -en la última revisión, se fijó en 15,58 euros-.
"Una familia de tres o cuatro miembros puede tirar con media docena de bombonas al año", aseguran fuentes del sector, lo que supone un notable ahorro respecto a otras fuentes de energía y la convierte en una elección para economías domésticas que llegan a fin de mes más apuradas. Extremadura, una de las regiones con la renta per cápita más baja de España, es la mayor consumidora de bombonas per cápita del país, según datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).
Aunque la bombona de butano se ha convertido también en una elección de muchos jóvenes. "Hay un concepto muy milenial de pagar por lo que se consume y esto, con el butano, es así", añaden estas fuentes. Desde el sector también tienen identificado que en zonas universitarias, atendiendo a este principio, muchos caseros optan por la bombona de butano.
El uso de esta fuente también sigue arraigado en las cocinas de bares o cafeterías, que las usan asimismo para las estufas de las terrazas de invierno que tanto han proliferado. Aunque la preferencia por emplearla en los fogones no es exclusiva de los profesionales. "Tengo unas tías que aunque tienen vitrocerámica, tienen una segunda cocina con butano en el lavadero de la casa y la usan de forma diaria porque la prefieren para cocinar por delante de la eléctrica", explica Marta.
El acceso a esta energía también ha mejorado respecto a hacer unos años. Ahora, compañías como Repsol o Moeve ofrecen la posibilidad de pedirlas a través de una app o de internet y también la de recogerlas en las estaciones de servicio. Además, empresas como Repsol, por ejemplo, ofrecen envases más ligeros, de 6 kilos, a precios liberalizados.
Aunque la demanda de estos bombonas se dispara entre noviembre y marzo, los meses más fríos, su uso se extiende más allá y llega a la primavera y el verano en los chiringuitos playeros o para las típicas paellas en segundas residencias.