En la mayoría de ciudades del mundo ver un ciervo en mitad de la calle sería motivo de sorpresa o incluso de alarma. En Nara, en Japón, es simplemente parte del paisaje cotidiano. Allí no viven en reservas ni en parques cerrados: pasean por aceras, se tumban junto a templos milenarios y se acercan sin miedo a los visitantes