En España la libertad de expresión es sagrada. Tanto es así que cada partido político tiene la suya propia. Es como un menú del día en un bar de carretera: hay libertad de expresión de derechas, de izquierdas, progresista, patriótica, feminista, antifeminista e incluso imperialista, si la ocasión lo requiere. Lo único que no aparece nunca es la libertad de expresión a secas. La única que merece la pena. Esta semana, en Collado Villalba, una concejala del PP decidió subir al escenario y cancelar en directo un monólogo feminista porque le pareció una falta de respeto. En el espectáculo se dijo «aborto» y todo. Y hasta ahí podíamos llegar. El poder municipal decidió que el público debía ser protegido de...
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