A Pedro Sánchez le encanta hacer oposición a la oposición, como se aprecia cada semana en esas teóricas sesiones de control parlamentario al Ejecutivo donde los reproches al PP y las críticas a Ayuso se han convertido en un rasgo de estilo. Pero ahora ha iniciado un curioso experimento político: tratar de ganar a un Gobierno que fue derrotado hace casi un cuarto de siglo. La invocación del fantasma de Aznar, del trío de las Azores, de la guerra de Irak y del escenario internacional de aquel convulso período constituye una sorprendente sesión de espiritismo, una estrategia parasicológica que parece responder a un ataque de nostalgia por lo no vivido. La influencia de Zapatero ha sido una constante del sanchismo,...
Ver Más