Íbamos a otro sitio, pero se cruzó una pizarra llena de atún de Gadira en forma de propuestas del día delante de un local algo destartalado , donde habitaba antiguamente el bar Lago. Pensamos sobre la marcha que o alguien andaba muy despistado o habíamos dado, sin querer, con un cocinero de vocación , de esos que prefieren matarse a currar y arriesgar por aquello en lo que creen , antes que vender su alma –o mas bien sus manos– a cualquier grupo para hacer tapas 'de franquicia'. El espacio es muy pequeño con pequeña barra metálica y un par de mesas altas , con tirador de Cruzcampo –el típico 'bar con dueño dentro¡ que ellos tanto defienden– que lo...
Ver Más