El postpartido del
Newcastle-Barça del martes no generó los encendidos elogios de septiembre al fútbol azulgrana. Si
Eddie Howe se rindió entonces a la capacidad culé de dominar la escena con el balón a los mandos tras el 1-2 con doblete de
Marcus Rashford, las sensaciones de la ida de octavos de final de la Champions, resuelta con el 1-1 y penalti ‘in extremis’ de
Lamine Yamal, refrendaron que el Barça anda físicamente muy mermado y que el Newcastle contrarrestó muy bien las virtudes de su rival imponiendo su plan de cabo a rabo.
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