La guerra en Irán en cifras: la magnitud de un conflicto que está sacudiendo al mundo
Al cumplirse 13 días de guerra en Medio Oriente —o Asia Occidental—, entender la magnitud del conflicto requiere dejar por un momento los discursos políticos y observar la frialdad de los datos.
Lo que comenzó como una escalada directa entre Estados Unidos, Israel e Irán ha mutado rápidamente en una guerra regional con múltiples frentes abiertos, dejó de ser un nuevo episodio de tensión en la región, para convertirse en el conflicto más grande en Medio Oriente en décadas si se evalúa en tres ejes: el militar, económico y el humano.
Desde la guerra de Yom Kippur en 1973 o la invasión israelí al Líbano en 1982, la región no había presenciado una convergencia de fuerzas militares de esta magnitud. Durante años, el equilibrio en Medio Oriente estuvo marcado por una “guerra de proximidad”, conflictos indirectos librados a través de milicias, aliados regionales o grupos armados.
Sin embargo, lo que estamos presenciando en marzo de 2026 es una transición hacia una confrontación regional directa, donde Estados con poder militar significativo se enfrentan entre sí de manera abierta, con el riesgo permanente de que nuevos actores se sumen al conflicto.
Misiles balísticos iraníes cayendo sobre Israel, foto tomada por un piloto israelí desde la cabina. Vía X@OrHeller
La enorme dimensión militar
La ofensiva denominada como “Operación furia épica”, solo durante la primera semana de guerra registró más de 6 mil 400 ataques contra objetivos dentro de Irán, utilizando más de 7 mil 500 municiones de precisión entre misiles de crucero, bombas guiadas y ataques aéreos.
La respuesta iraní en los primeros días del conflicto, lanzó más de mil 200 misiles y drones contra objetivos militares y estratégicos en la región, hoy ya suman más de 2 mil, generando uno de los mayores intercambios de fuego que ha vivido Medio Oriente en tiempos recientes.
La geografía de esta guerra también da cuenta de su magnitud. Irán ha sido bombardeado en 24 de sus 31 provincias, entre los objetivos atacados se encuentran instalaciones militares, aeropuertos, bases de misiles, zonas vinculadas al programa nuclear iraní, pero también instalaciones civiles como radios, televisoras y escuelas. Además, informes preliminares, desde Israel y EE.UU, indican que cerca del 80% de la red de radares en el oeste del país habría sido degradada o destruida durante los primeros días de la ofensiva.
Israel, por su parte, también enfrenta una presión militar considerable, siendo blanco de oleadas masivas de misiles balísticos y drones, más de 2 mil proyectiles hasta la fecha, con impactos reportados en zonas cercanas a Jerusalén, Tel Aviv y Haifa. El volumen de proyectiles lanzados por Irán ha demostrado burlar y saturar las costosas defensas antimisiles de sus adversarios, en su mayoría con drones y misiles mucho más baratos.
Pero el conflicto se ha expandido rápidamente y hoy involucra directa o indirectamente a al menos una decena de países. En Líbano, Israel ha intensificado los bombardeos contra posiciones de Hezbollah en Beirut y en el sur del país, provocando un desplazamiento masivo de población civil.
Mientras que Teherán aplica la doctrina de “ataque a los anfitriones”, golpeando países que albergan bases militares estadounidenses o infraestructuras vinculadas a la presencia occidental.
Simulacro iraní en el estrecho de Ormuz. Foto: Aton Chile.
Así, Kuwait ha reportado impactos de misiles en instalaciones militares donde operan fuerzas estadounidenses. Bahréin ha sufrido ataques contra infraestructuras críticas como refinerías y Qatar ha tenido que interceptar drones dirigidos hacia instalaciones estratégicas. Emiratos Árabes Unidos también ha reportado ataques con drones en zonas de Dubái y Abu Dhabi, mientras Irak continúa registrando ataques contra bases militares en el Kurdistán iraquí y en las cercanías de Bagdad.
Incluso, Jordania se ha visto involucrada indirectamente, ya que su espacio aéreo se ha transformado en una zona de combate donde caen restos de misiles interceptados o se registran ataques contra sistemas de defensa desplegados en su territorio.
Para poner en dimensión la escala del conflicto, en apenas tres días de combate, las defensas de Estados Unidos e Israel dispararon más de 800 misiles interceptores Patriot para neutralizar oleadas de drones y misiles iraníes. La cifra es particularmente llamativa si se compara con el caso de Ucrania, pues Kiev ha recibido aproximadamente 600 interceptores Patriot. En otras palabras, lo que Ucrania recibió durante cuatro años de guerra fue consumido en Medio Oriente en menos de 72 horas, según confirmó el propio presidente Zelensky.
Este dato revela un problema estructural, la capacidad de producción de armamento avanzado es limitada. La empresa Lockheed Martin produce alrededor de 600 interceptores PAC-3 (misiles usados por los sistemas Patriot) al año, lo que significa que en solo tres días de combates se consumió el equivalente a más de un año completo de producción global. Este agotamiento acelerado de las reservas estratégicas está obligando a Washington a priorizar el frente de Medio Oriente por sobre otros escenarios, como se ha visto en Corea del Sur, donde EE.UU. ha comenzando a trasladar sus baterías antimisiles.
A esta dimensión se suma el enorme costo económico de la guerra. De acuerdo con estimaciones preliminares del Congreso estadounidense, la Casa Blanca estaría gastando entre 900 millones y 2 mil millones de dólares diarios en operaciones militares relacionadas con el conflicto. Si estas cifras se mantienen, el costo total para Estados Unidos ya habría superado los 22 mil 500 millones de dólares en menos de dos semanas de guerra, sin considerar el valor del equipamiento destruido ni los costos indirectos asociados a la movilización militar.
El frente económico
El estrecho de Ormuz es una de las arterias energéticas más importantes del planeta, por sus aguas transitan aproximadamente 20 millones de barriles de petróleo diarios, lo que equivale a cerca de una quinta parte del consumo mundial, el 20% de comercio de gas licuado y una buena parte del comercio global total. Desde el inicio de la guerra, el tráfico de petroleros está prácticamente paralizado, con miles de embarcaciones atrapadas a ambos lados del estrecho.
Mapa del estrecho de Ormuz. Foto: Aton.
Las consecuencias económicas han sido inmediatas, el precio del petróleo se disparó más de un 40% en cuestión de días y el barril de Brent volvió a superar la barrera de los 100 dólares, actualmente se mantiene en torno a los USD $97. Además, varios países del Golfo han reducido o paralizado su producción petrolera ante los riesgos de seguridad, generando la mayor perturbación del suministro energético global registrada hasta ahora.
Ante esta situación, la Agencia Internacional de Energía (AIE) anunció la liberación coordinada de 400 millones de barriles de petróleo de las reservas estratégicas de sus países miembros, en lo que sería la mayor intervención de este tipo en la historia de la organización, pero incluso esta medida tiene límites.
Si el flujo de petróleo por Ormuz se detuviera completamente, las reservas estratégicas globales podrían compensar la pérdida de suministro solo durante algunas semanas, lo que revela la enorme vulnerabilidad del sistema energético mundial frente a un conflicto prolongado.
Mientras tanto, los mercados financieros operan bajo un clima de creciente incertidumbre, las bolsas europeas y asiáticas han registrado caídas significativas desde el inicio de la guerra, mientras que el índice de volatilidad VIX conocido como el “índice del miedo”, ha experimentado un fuerte repunte. En paralelo, las tarifas de transporte marítimo para superpetroleros se han disparado, reflejando el aumento del riesgo en las rutas comerciales del Golfo.
El eje más olvidado, el costo humano de la guerra
En apenas 13 días de guerra, más de 4 millones de personas han sido desplazadas en toda la región, solo en Irán se estiman alrededor de 3,2 millones de desplazados internos que han huido de las zonas de bombardeo en el oeste del país y en las cercanías de Teherán. En Líbano, la situación es igualmente dramática, cerca de 780 mil personas han abandonado el sur del país tras los bombardeos, generando una crisis humanitaria que amenaza con desbordar la capacidad de respuesta del Estado libanés.
Miles de edificios residenciales han sido dañados o destruidos en ciudades como Teherán, Isfahán o Beirut, al menos una decena hospitales y clínicas han resultado afectados por los combates, algunos incluso obligados a suspender sus operaciones.
Escuelas, infraestructuras de agua y sistemas de saneamiento también han sufrido daños significativos, afectando directamente a millones de civiles. Uno de los episodios más polémicos fue el bombardeo de una escuela primaria en Irán durante las primeras horas de la guerra, un ataque que dejó 175 víctimas fatales, en su mayoría niñas. Investigaciones posteriores del propio Pentágono reconocieron que la operación fue llevado a cabo por EE.UU., apuntando a un error de identificación del objetivo, un incidente que ha generado fuertes críticas a nivel internacional.
Los niños se encuentran entre los grupos más vulnerables, organismos internacionales estiman que más de mil menores de edad han muerto o resultado heridos desde el inicio del conflicto.
Con este panorama, las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump asegurando que el conflicto estaría cerca de su fin parecen contrastar con la realidad sobre el terreno.