Las empresas de jamón ibérico calculan pérdidas de 40 millones por el bloqueo de Trump a España
- Un mercado clave en crecimiento
- Aranceles que ya están pasando factura
- Un conflicto político con consecuencias económicas
- Inversiones en riesgo y empleo en juego
- El mito de los mercados alternativos
- Sin margen para ayudas públicas
La amenaza de cortar relaciones comerciales con España golpea de lleno a un mercado que se había consolidado como uno de los más prometedores para las exportaciones, hasta el punto de convertirse en el cuarto destino mundial del jamón curado español.
Un mercado clave en crecimiento
Estados Unidos no es un destino cualquiera para el jamón ibérico. Según datos del sector, el país norteamericano importó en 2025 tres millones de kilos de jamón curado, lo que equivale a unos 40 millones de euros, con un crecimiento sostenido del 5% anual en los últimos años.
Fernando Maíllo Ferrán, director de Exportación de Monte Nevado, lo resume así: “Es un mercado con buena demanda, crecimiento lento, constante y con un enorme potencial”. Esta progresión, aunque moderada, había permitido a las empresas españolas consolidar su presencia tras años de inversión.
Aranceles que ya están pasando factura
El problema, sin embargo, no es nuevo. Antes incluso de las amenazas de Trump, el sector ya venía soportando aranceles que han erosionado su competitividad. “Los aranceles ya los estamos pagando y han repercutido negativamente tanto en las ventas, que se están resintiendo, como en los márgenes, que hemos tenido que reducirlos para no perder más mercado”, explica Maíllo.
La situación podría agravarse de forma notable si las restricciones aumentan. “Si los aranceles aumentasen, las ventas se hundirían. El mercado no admite más subidas y a nosotros no nos queda capacidad para absorber más incrementos de costes”, advierte.
El margen de maniobra es prácticamente inexistente. Las empresas ya han ajustado precios y reducido beneficios para mantenerse en el mercado estadounidense, lo que deja poco espacio para resistir nuevas medidas proteccionistas.
Un conflicto político con consecuencias económicas
El origen de esta tensión comercial se sitúa en el terreno geopolítico. La negativa de España a colaborar en el ataque que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán —y a permitir el uso de sus bases militares para operaciones logísticas— ha deteriorado la relación bilateral.
Trump fue explícito el pasado 3 de marzo al afirmar que “no quiere tener nada que ver con España” y que ha ordenado cortar “todas las negociaciones” con el país, al que calificó como un aliado “terrible”. Incluso llegó a plantear la posibilidad de “cortar todo el comercio con España”, aunque sin concretar las medidas.
Este escenario añade incertidumbre a un intercambio comercial ya desequilibrado. En 2025, España exportó a Estados Unidos bienes por valor de 16.716 millones de euros, un 8% menos que el año anterior, mientras que importó 30.174 millones, lo que amplió el déficit comercial hasta los 13.458 millones.
Inversiones en riesgo y empleo en juego
Para las empresas del jamón ibérico, la amenaza no solo afecta a las ventas inmediatas, sino a una estrategia construida durante años. “Llevamos más de una década invirtiendo multitud de recursos humanos y financieros en el mercado de Estados Unidos. Hay mucho en juego”, subraya Maíllo.
Ese esfuerzo ha permitido posicionar el producto en un mercado exigente, donde el reconocimiento de marca y la cultura gastronómica no se construyen de la noche a la mañana. Por eso, la idea de sustituir rápidamente ese mercado por otros no convence al sector.
“Las ventas generan muchos puestos de trabajo y nos resultan imprescindibles para amortizar las inversiones realizadas y poder crecer”, añade. La posible caída de exportaciones podría tener, por tanto, un impacto directo en el empleo y en la viabilidad de algunas empresas.
El mito de los mercados alternativos
Desde algunos ámbitos se ha sugerido que la pérdida del mercado estadounidense podría compensarse con la apertura de nuevos destinos. Sin embargo, el sector lo considera una visión simplista.
“La idea que se escucha en ocasiones de que ‘el cierre de un mercado facilita la apertura de otro’, tampoco es realista”, afirma Maíllo. El posicionamiento internacional del jamón ibérico es el resultado de años de promoción, inversión y adaptación a cada mercado, un proceso difícilmente replicable a corto plazo.
Sin margen para ayudas públicas
Ante este panorama, las empresas tampoco confían en que las ayudas gubernamentales puedan paliar el impacto. “Plantear que se podrían compensar las pérdidas con posibles ayudas gubernamentales no es realista”, advierte el directivo.
El volumen de negocio en juego y la complejidad del mercado estadounidense hacen que cualquier compensación resulte insuficiente frente a una caída estructural de las exportaciones.