Hard Techno: así se acelera la música electrónica en tiempos distópicos
Para los que empezaban a salir a clubes en los años 90, bastaba con un local de techo bajo y una lámpara estroboscópica. Apenas una década después, la música electrónica colocaba a los Dj’s en púlpitos ante las masas. Tras unos años de segundo plano, la escena vive una nueva época dorada con clubes y festivales llenos, con fiestas surgiendo en grandes recintos y el fenómeno “rave” saltando espontáneamente a los titulares de las noticias de la España vaciada. Incluso el “mainstrem” de primera fila, de Rosalía a Harry Styles, está bebiendo de diversas formas de electrónica. Años después del fin del EDM, que convirtió a los DJ en las estrellas del pop que los pioneros nunca quisieron ser, la escena electrónica está encontrando un equilibrio entre dejar de ser esa cultura demonizada y convertirse en un buen negocio con una sólida y creciente base de aficionados sin los pecados del pop comercial. En este nuevo impulso ha tenido mucho que ver una nueva generación de seguidores que se unieron desde la pandemia a un movimiento, el del hard techno, caracterizado por una velocidad extrema de beats y que ha terminado por remover y contagiar a los estilos más clásicos. Ayer, 17.000 personas asistieron en Madrid a las ocho horas de sesión de Klangkuenstler. El próximo fin de semana, otros 40.000 llenarán Ifema para asistir a la meca del hard techno, la fiesta Blackworks.
Durante la pandemia, algo empezó a cambiar. Jóvenes aficionados a la electrónica que se vieron encerrados en una realidad distópica comenzaron a cultivar un estilo imposible: el hard techno corría como la pólvora por redes sociales. “Fueron dos años de crecimiento brutal –dice David Nus, programador en The Bassement Club-. Cada día salían miles de artistas con un estilo extremo que nunca había estado tan arriba. Chicos que pasaban de tocar en casa a llenar salas de 10.000 personas. Algunos buenos, pero otros justitos de talento y muy espabilados con el marketing de redes que de repente se convertían en cabezas de cartel”. Nus es mánager de Fátima Hajji, la pionera española del estilo, que lleva 25 años “provocando agujetas que duran una semana”, como declaraba a este periódico antes de su show en Fabrik el pasado enero. Rodrigo Bermejo es Nuke Dj residente y cofundador de Code en Fabrik: “El hard techno empezaba a despegar cuando irrumpió la pandemia y existía esa incertidumbre y pienso que la gente necesitaba de emociones fuertes en el letargo del confinamiento”. Al salir, se convirtió en algo más que un estilo musical: “Ha sido también una estética, una ropa, un tipo de eventos. No es solo música rápida y contundente, es pertenencia a un grupo, a una tribu urbana, si quieres, que viste de negro, con cuero, con pasamontañas, un poco bondage incluso. Es todo muy intenso y extremo y eso va en consonancia”. Algunos lo han calificado del punk de la generación Z. “Hay diferencias muy grandes pero también similitudes –dice este experimentado Dj-. Yo creo que ha sabido despertar algunos resortes entre la gente joven, ha sabido canalizar, no diría que el descontento social, pero al menos la incertidumbre de esa generación. Ningún adolescente sabe cuál es su lugar en el mundo, pero a los de hoy les ha tocado lidiar con un mundo distópico y cambiante”, explica.
Dani Novoa es el impulsor de la marca más conocida de “hard techno” en España, Blackworks. “Fuimos de los primeros en hacer eventos así y ahora se ven unas masas que no son nada habituales en la electrónica”, dice sobre el aforo de sus fiestas, que alcanza las 40.000 personas el próximo fin de semana. Novoa lleva implicado en el sector desde muy joven y comenzó desde abajo del todo. Organizaba autobuses a Aquasella, fue relaciones públicas de salas, organizó fiestas en La Riviera, programó a Nico Moreno antes de ser conocido y trabajó con Dj Pepo, un histórico, que recientemente se ha vuelto viral con su cierre en Arriondas. “Es una música mucho más energética, permite una mayor liberación, pero también una experiencia de visuales y de producción que le puede gustar a cualquiera. El público tiene de media 25 años y son chicos normales, que tienen su trabajo pero que tienen su ritual. A mí la comparación con el punk no me gusta porque puede dar a entender una marginalidad o conflictividad que no existe”, dice claramente preocupado por la imagen que dan los medios de la escena electrónica. Este apasionado de la electrónica pinchará como Dexsphase en Tomorrowland este año.
La aparición de este estilo tiene sus propias circunstancias. “Antes nos preocupábamos más de dónde vienen las cosas, de aprender de Detroit, de Berlín... ahora es el puro fenómeno viral. Un artista puede pasar de desconocido a superestrella en dos meses. Lo rompe y nadie sabe por qué. Y como programador, si te despistas, te pierdes al siguiente fenómeno que te asegura un lleno”, explica Nuke. Como sucede en el pop, los temas caducan en una semana. También requieren ganchos rápidos, “que sucedan muchas cosas en tres o cuatro minutos. Cada vez hay menos de 7 u 8, que era normal. Los discos en la maleta ya no te duran ni siquiera un año, a veces, ni siquiera un verano. Tampoco los ‘’headliners’’ de este año aguantan el que viene”. Rodrigo es crítico con algunos aspectos: “Muchos de los nuevos Dj de hard techno suelen recurrir a alguna performance en la cabina que a algunos les parece un poco prefabricada. Otros incluso se ponen a pinchar de espaldas al público porque miran una cámara que está retransmitiendo en directo con la gente de fondo, lo cual puede resultar una falta de respeto porque el público que ha pagado es lo primero, no es un decorado”, dice este representante de la vieja escuela. La nueva música que surge tiene una función primordial: escandalizar a sus padres o hermanos mayores. Ha sucedido en el rock, el rap e incluso en el flamenco. “Estoy de acuerdo. Por eso, aunque a algunos veteranos no les guste, nosotros en Fabrik siempre damos acogida a todos los estilos, especialmente si le interesan a los jóvenes. Porque hay diferentes áreas en una fiesta y, si un joven va a escuchar ‘’hard techno’’ pero pasa un rato por otros estilos, los puede descubrir y aprender de ellos también. Yo escucho sonidos muy distintos a cuando tenía 18 años. Yo no veo como un enemigo a alguien que escucha a David Guetta, pienso que puede ser una puerta de entrada a nuestro mundo”.
Klangkuenstler agotó en 43 minutos las 17.000 entradas de Ifema de anoche. “Podíamos haber llenado el Wanda", dice Nus, promotor de la velada del alemán, que tiene un estilo más underground que el hard techno, llamado “schranz”, que no es lo mismo pero confirma una tendencia: “La música más rápida sigue vendiendo más tickets a día de hoy. A la gente más joven le gustan esos sonidos, aunque ya están volviendo otros como el hard groove”. ¿Tiene este fenómeno algo que ver con el auge de las “raves” en nuestro país? “Yo diría que sí que puede ser un factor que esté influyendo, aunque es difícil de saber. Lo que sí percibo es que la electrónica está moviendo unas cantidades de público que hace unos años eran impensables. Está dejando de ser ese estilo minoritario y mal visto”, comenta Nus. La forma de relacionarse, con esos ritmos tan rápidos, tampoco es la misma. “Lo que ha cambiado son los teléfonos -dice con una mueca-. Ojalá los jóvenes estuvieran menos pendientes de grabar y más de socializar”, se lamenta.
“Los medios vais siempre un poco tarde –me riñe Luka de Blas, impulsora de Laster y conocedora de festivales y clubes-. Es verdad que ha habido una ola de hard techno, pero eso empieza a dar paso a otros sonidos. El ascenso que tuvo, muy ligado a las redes sociales, también provoca caídas muy bruscas, porque todo lo de las redes sociales caduca enseguida. Pero la electrónica está en un momento súper saludable. Los sonidos se abren, los clásicos siguen y cada vez hay más público”. Disfrutemos del momento.