Dos preguntas sobre la guerra que nos asedia
Que Estados Unidos nos hace una guerra, eso lo sabemos muy bien los cubanos desde hace casi siete décadas. Acabamos de sufrir un apagón general del país, el segundo en apenas una semana, y con ello crece nuestro sufrimiento.
Para intensificarlo, el Presidente de EE.UU. dictó el bloqueo total de petróleo para Cuba, lo cual es causa principal de estos colapsos y de los diarios y prolongados déficits en la electricidad. El programa Razones de Cuba ha publicado que, entre diciembre del pasado año y febrero de este 2026, «el Comando Sur de Estados Unidos y el Comando del Indo-Pacífico coordinaron la captura de al menos diez tanqueros vinculados con la red de suministro cubana».
Pero, mientras quedábamos a oscuras y los escasos y bien caros alimentos se perdían para no pocos de nosotros, también en no pocos lugares del mundo era condenado y denunciado el bloqueo y esta nueva vuelta de tuerca que, en Washington, consideran la última, la que ponga fin a la dignidad y la resiliencia de Cuba y su pueblo, permitiéndole a Donald Trump y su susurrador Marco Rubio «tomar el control» y «hacer lo que quiera» con este pequeño en tamaño «enemigo».
Así sucedió en varias de las más importantes ciudades españolas —como Madrid y Barcelona—, en México, en la brasileña Porto Alegre, y en el propio Estados Unidos.
En La Habana, previo al apagón del sábado, en la sede del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP) transcurría el acto de bienvenida y agradecimiento al Convoy Nuestra América, cuyos integrantes —más de 600 activistas de 33 países y 140 organizaciones— han ido arribando a nuestra asediada y amenazada Patria para traer ayuda humanitaria, fundamentalmente insumos médicos para nuestros hospitales. Todavía en camino, vienen más hermanos de muy diversas procedencias con ayuda humanitaria, porque el buen hacer es consustancial a los seres humanos, en medio de tan compleja situación en Cuba.
Existe la percepción cierta de que no solo es necesaria esta solidaridad de los pueblos, de los ciudadanos de a pie de todo el mundo. Un empujón a sus gobiernos puede ser de gran utilidad, para que se proyecten en acciones concretas y también en presiones hacia el imperio que, hoy por hoy, es amenaza para todo el planeta.
Sin duda, se considera fundamental la actitud consciente de los estadounidenses para enfrentar la política genocida de su gobierno, para quien Cuba es el «mal ejemplo» a eliminar en un continente del cual quiere apoderarse y dar cumplimiento a lo que considera su destino manifiesto expuesto desde hace más de dos siglos en su Doctrina Monroe, resucitada con fuerza en el Corolario de Trump.
Políticos estadounidenses también se han pronunciado por estos días. La representante Delia C. Ramírez (demócrata por Illinois), el sábado último en la tarde, en redes sociales, señaló cómo el bloqueo petrolero ha agravado la crisis humanitaria en Cuba y declaró: «Me conmueve la solidaridad y la valentía de las personas del Convoy Nuestra América, que llegan a Cuba para brindar ayuda vital directamente a la población…». «Apoyo a la comunidad internacional que exige que el Departamento de Estado y el Departamento de Defensa garanticen su seguridad».
Common Dreams destacaba esta posición y la de la congresista progresista, Ilhan Omar (demócrata por Minnesota), cuando dijo: «Debemos levantar el bloqueo petrolero estadounidense a Cuba. Esta es una guerra económica diseñada para asfixiar a una isla. Los alimentos se echan a perder. El suministro de agua está comprometido. Los servicios de salud están interrumpidos. ¡Fin al bloqueo ahora! ¡Agradezco a todos los que ayudan a entregar ayuda humanitaria!».
El editor jefe de Current Affairs, Nathan Robinson, informaba desde La Habana del convoy, detalladamente mostraba la situación en que vivimos los cubanos, y concluía: «No puedo creer la crueldad de lo que está haciendo mi país».
Desde aquí, nos preguntamos: ¿Dejarán los pueblos del mundo que Estados Unidos ataque a Cuba? ¿Decidirán actuar los gobiernos que año tras año aprueban en Naciones Unidas la Resolución que desde el papel condena el bloqueo, o mirarán hacia otro lado cuando lentamente, la «bomba» silenciosa pero también letal, de este genocidio brutal y desalmado nos está matando?