El campo
Ya tiendes, irremediablemente, a lo pajizo. Lo dice la raspa, la misma raspa que ayer apenas cabeceaba verde, contestándole al viento que le hablaba al oído a la espiga y a la luz que se le posaba sin decir que estaba dándole manos de sol para enrubiarla. Las lluvias de marzo te dejaron preparado para la exuberancia, para la satisfacción del fruto. Hoy, esa raspa que pide a gritos las manos últimas, las que acabarán acariciando un apretado chorro de granos, como quien acaricia la cola de una yegua rubia... Читать дальше...