Dieron las nueve en punto cuando el Cartuja Center se estremeció, no por el estruendo, sino por el murmullo vibrante de las voces que, a coro, dibujaban un único apellido: Bustamante. Globos luminosos flotaban sobre la platea, como luciérnagas domesticadas, anunciando que la noche no sería común. Entonces, los músicos tomaron posiciones y, a contraluz de una imponente letra B, el escenario cobró vida con los primeros acordes de 'La Siberiana'. David Bustamante apareció con paso decidido y una energía que devoraba cada rincón del teatro. Читать дальше...