Durante unos minutos, el ruido de las zapatillas y la cuenta atrás de la San Silvestre toledana dejaron paso a algo distinto: emoción pura. Carla , de 16 años y con hemiplejia; Vicente , con una enfermedad degenerativa; y el general de brigada retirado Antonio Izquierdo, enfermo de ELA, cruzaron el recorrido en sillas adaptadas, portados por una treintena de voluntarios. No fue solo una carrera. Fue una declaración de principios: la movilidad no debería ser un límite para vivir el deporte, la ciudad y la alegría compartida. Читать дальше...