Viena en los albores de del siglo XX era una fiesta. Ríanse ustedes del París de unos años más tarde -tal cual lo denominó Hemingway en uno de sus títulos más recordados- con las vanguardias en plena deformidad cubista. Para este caso, bien vale ese refrán tan español de «cría fama y échate a dormir». Si Viena no hubiera escrito la primera página de este largo relato de rupturas con el pasado y sus decimonónicos cánones, luego no hubieran venido París, ni Berlín... ni Nueva York, aunque ya fuera al otro lado del charco y también aquello fuera otra película. No resulta casual que nuestra protagonista, Alma Mahler, naciera en Viena (1879) y falleciera en Nueva York (1964). El destino...
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