Desde la cumbre de un acantilado, un radar vigila una larga playa dorada y la línea azul de un horizonte infinito. A su alrededor hay equipamientos dispersos, como hangares y pequeños edificios de oficinas, ocultos al exterior por una masa verde de pinos y matorrales. En este espacio virgen, entre las costas de Matalascañas y Mazagón, discurre la vida de la base de El Arenosillo del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), dependiente del Ministerio de Defensa, uno de los lugares más insólitos de Andalucía. Allí se instaló en los años sesenta el primer campo de lanzamientos de cohetes español, en cooperación con la NASA, y más tarde se desarrolló un centro para la experimentación y certificación de misiles. Aviones...
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