En 'Yo, Daniel Blake', una de las películas más recientes de Ken Loach, un hombre de sesenta años acude a una oficina de empleo y el funcionario le indica que los formularios ya no se tramitan en papel: todo debe hacerse 'online'. El hombre, que puede levantar una casa pero no sabe utilizar un ordenador, se ve desbordado y encuentra ayuda en una biblioteca pública, donde la bibliotecaria y otros ciudadanos le echan una mano. La escena es un ejemplo de cómo han evolucionado las bibliotecas, que hace tiempo dejaron de ser sólo lugares donde leer y tomar prestados libros —como si eso fuera poco—para convertirse en centros indispensables para la comunidad, lugares donde además de libros —y ahora ya...
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