El Gobierno contempla que, antes de sustituir a Óscar Puente por un técnico competente en el Ministerio de Transportes o de someter a Renfe y Adif a una profunda restructuración , sea la continuidad de la liberalización del transporte ferroviario la primera víctima de los incidentes que no consiguen evitar en las vías españolas. De hecho, la segunda fase de la liberalización estaba prevista para este otoño, pero el ministro destituyó al presidente de Adif y las empresas interesadas aún no han conocido los pliegos de esta segunda etapa. En vez de acelerar las inversiones y solucionar los cuellos de botella, al tiempo que se debería exigir reciprocidad a los países vecinos donde Renfe quiere empezar a competir con los monopolios locales, el Gobierno está tentado de acabar con el dividendo de la liberalización que ha permitido que millones de españoles estén apostando por la alta velocidad como medio de transporte para viajar cómodamente y dejar sus coches en casa.