En la época remota en que los Presupuestos eran la ley esencial de un Gobierno, cuando éste no tenía mayoría suficiente negociaba partidas de inversión, décimas de déficit, porcentajes fiscales y demás asuntos propios del ámbito económico-financiero. A veces, si los nacionalismos se hacían los estrechos, había que incluir cesiones competenciales para alcanzar un acuerdo. Pero como los socios de Sánchez han olido su debilidad –la de él– y conocen su necesidad de comprar tiempo, le meten en la cesta del pacto cualquier cosa con la que traficar en el improvisado mercado negro que constituye hoy en día cada votación en el Congreso. Hay rebajas de otoño en la dirección del Estado y cada cual busca una mercancía tirada de...
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