Cualquiera que haya visto ya alguna de las anteriores películas de Quentin Dupieux sabrá que tiene todo el derecho a ponerle cuantas 'aes' quiera al nombre de Dalí; títulos como 'Mandíbulas' o 'Fumar provoca tos' contienen tal cantidad de 'surrealinina' que casi hacía previsible que Dupieux y Dalí se encontraran y se dijeran cuatro cosas el uno al otro. Y aquí está: se abre el telón y comienza un autorretrato de ambos que no tiene que ver con lo biográfico sino con el pulso entre ellos por ver cuál frena después y más cerca del precipicio, y el resultado es una obra tan genial, tan extravagante y daliniana, tan divertida e inteligente, que quien realmente se despeña es el estupefacto...
Ver Más