En 'Farmacia de guardia' , aquella 'sitcom' castiza y ocurrente que reunía todos los jueves a las familias delante de la tele cuando las series todavía eran entretenimiento que quedaba en la memoria colectiva y no chacina audiovisual con ínfulas, apareció en un solo episodio el enorme Antonio Ferrandis interpretando a uno de esos carteristas de manos de seda y buen corazón que han quedado en el imaginario popular como encarnación de un mal menor. Era un hombre trajeado y cortés, que se molestaba en dejar la cartera en el buzón de la víctima con la documentación intacta y el regalo de un poema y una flor, pero vacía de billetes y monedas, faltaría más. Poco antes Joaquín Sabina había...
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