La caída de Íñigo Errejón ilustra perfectamente aquello que decía Churchill de que alimentar al cocodrilo sólo sirve para aspirar a ser devorado el último, no para evitar que nos muerda la mano. Y a Errejón se lo acaba de merendar un cocodrilo amamantado a sus pechos. No me alegro en absoluto: creo que estos juicios sumarísimos en plaza pública, que tanto celebran las Cristinas Falláras de la vida, son rémoras a evitar en una democracia sana. Precisamente las garantías procesales y la presunción de inocencia son conquistas sociales que apuntalan con firmeza un Estado de derecho. Pero lo que me preocupa ahora, más que esa presunción de inocencia de Errejón y el deseo de que pueda defenderse con toda...
Ver Más