Mientras las esferas política y mediática se entregaban con denuedo a despedazar a Iñigo Errejón y a relamerse con los detalles escabrosos de su caída a los infiernos, una institución española levantó el viernes la mirada del barro para fijarla en la degradación de la vida pública y denunciar una vez más el peligro de destrucción de la concordia. Esa institución es la Corona, la única capaz de mantenerse en el sitio que le corresponde en medio de esta ola de canibalismo civil que amenaza con arrastrar al país, si no lo ha hecho ya, a una convulsión histórica de consecuencias devastadoras. Pero también una vez más, el discurso del Rey en los premios Princesa de Asturias cayó en el...
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