Ahora resulta que todo el mundo sabía que Íñigo Errejón tenía las manos más largas de la cuenta y despachaba a mujeres de su entorno con aires machirulos, prepotentes y lúbricos. De cara a la galería, el niño denunciaba airadamente el machismo imperante, envuelto en la bandera morada y situándose siempre a la vanguardia de las manifestaciones feministas, y de puertas hacia dentro se desenvolvía como un Harvey Weinstein de bolsillo. Conociendo algunos momentos de su biografía, como aquel episodio en que fue denunciado por un anciano al que propinó una patada en Lavapiés tras una mala noche de cierre de campaña -Errejón fue absuelto porque la supuesta agresión no pudo ser demostrada-, debo decir que la noticia no me...
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