Cuando no puede dormirse --y cada vez puede dormir menos-- Rodríguez no cuenta ovejas. Rodríguez cuenta trenes. Trenes que tienen cadencia de canción de cuna o de relajante mirada por la ventanilla. Trenes como mejor lugar posible para leer: porque los libros se mueven y avanzan como trenes. Y ahora --luego de tantas vías y desvíos-- el aliento del insomne como esa niebla que sólo parece fabricarse en las estaciones de tren al fundirse con la respiración de locomotoras. Los trenes --los trencitos-- de la infancia.