Como en tantas cosas,
Hansi Flick ha estado de 10 con la gestión de la lesión de
Ter Stegen. Por un lado, sabía que había que fichar a un portero porque pasar toda una temporada con suplentes inexpertos en la élite como
Astralaga o Kochen era una temeridad. Por otro lado, por más que el Barça lograse convencer a
Szczesny de aparcar su jubilación,
Flick debía darle confianza a
Iñaki Peña. Y lo hizo.
Seguir leyendo...