En el principio, valga el tono 'bíblico', fue el semblante: rostro o fachada, superficie que no puede ser vulnerada. Los 'autorretratos' con expresivos gestos de color blanco de Santiago Ydáñez , desde que consiguiera el premio ABC de Pintura en 2002, se convirtieron en marca identificatoria. Sin embargo, este apasionado y veloz pintor tenía una iconografía mucho más amplia que ha desarrollado desde entonces. En el CEART de Fuenlabrada pude apreciarse el grado de maestría que tiene, lo que le permite sostenerse en el delicado filo de la barroquización y el manierismo. Obsesionado por la vida de la mirada, Ydáñez encuentra inspiración tanto en la iconografía religiosa como en un paisaje nevado por el que podría haber cruzado la carrera...
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