En la puerta del baño de un bar de Malasaña una puede encontrar un corazón con iniciales, una flecha hacia arriba y un burratacho que dice «Quique Peinado violador». La diferencia entre la puerta del baño de un bar de Malasaña y el Instagram de Cristina Fallarás es ninguna: tengo tantos motivos para creer a la mano desconocida que garabateó la acusación mientras su amiga hacía pis, que a la desconocida que le mandó un mensaje a la periodista desde una cuenta cualquiera. Cristina Fallarás saca un libro que podría ser la recopilación de garabatos de todas las puertas de bares de Malasaña y Lavapiés. Y el escándalo de Errejón, casualmente, le ha hecho la campaña. Tengo las mismas razones...
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