Gracias a Dios, Maria no me ha hecho correr casi nunca a urgencias. Sólo una vez durante el verano del Covid , se había quedado a dormir en casa de una amiga y la madre me llamó para decirme que le costaba respirar como si tuviera asma. Ya puesto en pie terminé la llamada y sin volverme a sentar me despedí de mis amigos. La amiguita vivía en el Tibidabo y yo estaba cenando en 'Els Pescadors', literalmente la otra punta de la ciudad. No había taxis, tomé una de las bicis de alquiler del ayuntamiento y pedaleé tan rápido que creo que sin saberlo batí algún récord. Detuve al primer taxi libre que encontré, dejé la bici tirada, y...
Ver Más