No hay manera. Campeón en Roland Garros, medalla de plata en los Juegos Olímpicos. Pero en la otra punta de París, en una superficie diametralmente opuesta a la tierra batida,
Carlos Alcaraz no encuentra la fórmula. Se volvió a estrellar en un torneo un tanto maldito, por cómo empezó en su día y porque sigue siendo un problema para él.
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