Hace ya muchos años que Clint Eastwood agotó los calificativos para él y su obra, pero ahora, camino de los noventa y cinco, deja en la pantalla su mejor película desde 'Gran Torino', que hizo con ochenta y que parecía una rúbrica de su testamento. Y no es fácil, pero habría que inventarle algún nuevo calificativo para honrar esta magistral y lúcida segunda enmienda a su voluntad testamentaria. No cambia el testamento: lo subraya. Una película que lo ofrece todo sobre los conceptos en los que ha fundamentado su cine: la Ley, la Justicia, la Integridad, la Conciencia, el Derecho a…, y otras mayúsculas que se suelen escribir con minúscula. Con una prodigiosa (y ya en desuso) escritura cinematográfica, Eastwood...
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