A nadie le sorprende que el protagonista cumpla con su destino, ya sea James Bond liquidando al villano o una madre de Alcorcón que consigue frenar a última hora su desahucio. Es lo lógico, lo esperable; el desenlace merecido para el héroe al que hemos acompañado durante 90 (o 180) minutos. Es lo que tiene que suceder, y no importa que caiga por el camino la 'chica Bond' o que la abuela se quede tiesa del disgusto en el salón. Y llevamos tantos años viéndolo que no nos sorprende que las 1.200 balas de los malos pasen rozando la cabeza del agente secreto o que en ese cuidado drama intimista, que nace del «proceso orgánico» de un laboratorio de guion...
Ver Más