Procrastinar es ceder ante la ilusión de que siempre habrá tiempo, pero el tiempo no se acumula, se desvanece. La ciencia, como herramienta para comprender lo que cambia, exige actuar mientras el presente es aún legible. Estar “de paso”, como canta Aute, no es evadir la responsabilidad, sino asumir que pensar —y conocer— es comprometerse con el instante antes de que se escape.