Además de la lepra y la peste negra, la tuberculosis fue otra de las enfermedades que más temía la población medieval (entre las tres acabaron con más de una cuarta parte de los europeos de la época). Tampoco esta afección fue patrimonio exclusivo de la plebe: reyes y reinas y destacados miembros de la nobleza del Medievo también acabaron muriendo por esta causa. Dos de estos monarcas tuberculosos hicieron historia en Castilla