Este descubrimiento no solo adelanta en milenios la domesticación del aguacate, también revela cómo las prácticas agrícolas de las primeras comunidades mesoamericanas pueden ayudar a enfrentar desafíos modernos como la pérdida de biodiversidad y la crisis climática. La clave está en recuperar la variedad genética que nuestros antepasados cultivaron y que hoy se está perdiendo.