Con los 16 equipos clasificados para los octavos del
Mundial, las dos sorpresas negativas del campeonato han quedado patentes. Por un lado, el descalabro del fútbol argentino, con la eliminación de
River Plate y
Boca Juniors. Por otra, el adiós precipitado del
Atlético. Un candidato al título que ya está de vacaciones. Eso sí,
Diego Simeone justificó la eliminación diciendo que habían quedado apeados con los mismos puntos (6) que el campeón de Europa, el
PSG, y el campeón de la
Libertadores,
Botafogo. Sí, pero para casa, víctimas del revolcón que le propinó
Luis Enrique. Curiosamente, un 4-0 con las armas de sacrificio, presión, lucha y contragolpe que han caracterizado el fútbol de
Atlético en los catorce años que lleva en el banquillo. En este tiempo, ha tenido que hacer dos veces el cambio generacional. Ahora, con
Julián Álvarez, fichando a
Cardoso o
Baena, está comprando nuevos soldados con piernas frescas para que sigan batallando, por cada balón, como si fuese el último de su vida.
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