UNO Por un lado están los ladrones de tumbas y, por otro, los profanadores de escritorios. Muerto el escritor, a ver qué encontramos, casi jadean familiares y editores... Y se sabe: Kafka ordenó a Max Brod que destruyese todo (tal vez porque sabía que jamás le obedecería), Henry James tuvo la precaución de quemar muchas cartas y papeles, y (más detalles cualquier martes de estos) John Cheever le leyó entre lágrimas sus journals a su hijo y le preguntó que le parecían todos esos pensamientos secretos...