La mano que incendia el monte es la mano que destroza vidas. Patrimonio histórico y natural, oxígeno de nuestros pulmones y los hogares que cobijan tantas historias y se ven reducidos a cenizas. Mientras España arde y Andalucía se aferra, mitad a sus bomberos, mitad a la fortuna, resuena el eco de las llamas con desesperante insistencia, desmenuzando razones: falta de prevención, escasez de recursos, el abandono del mundo rural o el cambio climático, entre tantas otras. Y todo es verdad, amén de que cada cual se ampare en un argumento u otro para desequilibrar la balanza en función de sus intereses, de su ideología. Pero ¿y el incendiario? Porque la mayoría de los incendios están causados por el ser...
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