Así como el rascacielos de la Cartuja encontró pronto una legión de admiradores y defensores a ultranza por cuanto significaba de entrada simbólica en la modernidad arquitectónica –dicho sea con todas las reservas imaginables–, va a ser difícil hallar un grupo de entusiastas de las sombras textiles que –¡por fin!– van a colocar en el primer tramo de la Avenida de la Constitución , entre el edificio de La Adriática y la Punta del Diamante. Inciso entre paréntesis: qué genuina esa forma de señalar lugares de la ciudad con nombres de otra época. Seguimos a la espera de que pongan las velas. O lo que quiera que sean, porque, de entrada, son modestitas tirando a rácanas. En metros cuadrados de...
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