Ni los carteles, ni las advertencias, ni las patrullas han bastado. Urbanova, el barrio de Alicante parecía haber recuperado la calma el pasado abril, vuelve a ser escenario del mismo paisaje que muchos pensaban superado: una hilera de caravanas estacionadas frente al mar, sillas desplegadas, mesas, toldos y hasta alguna tienda improvisada. El conocido aparcamiento junto a la playa, que durante el verano lucía despejado tras la campaña informativa del Ayuntamiento de Alicante, vuelve este otoño a llenarse de casas rodantes.