Más allá de la movilidad sostenible en nuestras carreteras (con turismos, furgonetas, autobuses y camiones que se desplazan con baterías), un ejército de vehículos eléctricos de todo tipo se está desplegando en lo que se conoce como entornos 'off highway' (fuera de carretera), que también se quieren descarbonizar. Se trata de espacios como fábricas, almacenes, centros logísticos, obras de construcción, aeropuertos, resort, campos de golf... Incluso estos artilugios tienen aplicaciones militares y también se emplean en zonas forestales, en agricultura y ganadería, en servicios de limpieza y jardinería de ayuntamientos... Hasta en las minas ya hay camiones eléctricos para cargar y transportar materiales. Se denominan Vehículos Eléctricos OHV (Off-Highway Electric Vehicles) y están diseñados para operar fuera de las vías públicas y carreteras. Han reemplazado su motor de combustión (diésel o gasolina) por un sistema de propulsión eléctrica. Es un heterogéneo grupo de ingenios que van desde carretillas elevadoras, transpaletas, cabezas tractoras, dumpers o pequeños tractores hasta carros para barrenderos, baldeadoras para limpieza urbana y triciclos para campos de golf. Este nuevo universo de vehículos eléctricos 'off-highway' está despertando gracias a los avances tecnológicos de los últimos años, como el mayor rendimiento y autonomía de las baterías (especialmente las de iones de litio) y la mayor velocidad de recarga. «Aunque creciente, este despliegue es aún incipiente, ya que se ha puesto el foco principal en los vehículos 'on-highway ' (en carretera)», valora Arturo Pérez de Lucía, director general de Aedive (Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso del Vehículo Eléctrico). No obstante, una investigación realizada por la consultora americana Global Market Insights valora este mercado de vehículos eléctricos 'off highway' a nivel global en 2.800 millones de dólares en 2024 y prevé que crecerá un 10% anual entre 2025 y 2034. Además, los objetivos de reducción de emisiones que están planteados y la presión de la regulación europea en ese sentido está impulsando el uso de este tipo de ingenios. Aunque «la electromovilidad en los sectores 'off highway' avanza con fricciones», asegura Juan José Bernal-Quirós, director general de Corvus, un fabricante español de vehículos UTV, las siglas en inglés de Utility Task Vehicle (vehículos utilitarios diseñados para realizar tareas que un coche convencional no puede afrontar). Por tanto, se dan claroscuros en el sector. Por un lado, hay líneas en los planes MOVE para la electrificación de flotas de vehículos ligeros «pero con cobertura desigual, lo que ralentiza decisiones de inversión», cree Bernal-Quirós. Por otro, el despliegue de infraestructura de recarga se está dando en aeropuertos, en polígonos industriales, almacenes... Y además la normativa europea Stage V, en vigor desde 2019, que regula las emisiones emitidas por maquinaria industrial y el establecimiento de Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) en las ciudades «tiran de la demanda» de estos vehículos «en municipios e industria. No es un problema de tecnología, sino de ritmo de inversión y tramitación. En algunos casos también cultural, al tratarse de una tecnología nueva para el sector profesional. Donde hay uso intensivo en recintos (aeropuertos, factorías, parques y jardines, construcción), la electrificación ya está ocurriendo. También en el sector militar», considera Bernal-Quirós. Los vehículos 'off highway' ya se pueden encontrar en los más diversos sectores de actividad, como lo ilustra Pérez de Lucía. «Los aeropuertos -indica- se están electrificando progresivamente con vehículos que operan en la zona de pista y de servicio, incluyendo el uso de autobuses eléctricos para pasajeros, tractores de equipaje eléctricos, remolcadores de aviones y otros equipos de apoyo en tierra, para reducir las emisiones y mejorar la eficiencia. En el ámbito de la logística, hace ya tiempo que la electrificación de transpaletas, apiladoras y carretillas elevadoras es una realidad que, además, está incorporando tecnología de conducción autónoma». Uno de los sectores donde poner el foco es en la obra pública, que ya cuenta con una oferta de excavadoras, dumpers y carretillas elevadoras. «Se trata de un sector crítico -continúa Pérez de Lucía-, ya que, aunque se implementen en entorno urbano soluciones para la descarbonización del transporte, las obras pueden perjudicar esos objetivos con maquinaria de combustión que opera en las ciudades». Grandes fabricantes de maquinaria de obra pública, agrícola y minera están lanzado los primeros modelos de vehículos electrificados para entornos 'off highway' como John Deere, Volvo Construction Equipement, Caterpillar, Fendt e Hitachi Construction. Y luego hay empresas más pequeñas con un potente músculo innovador. Entre ellas, también españolas. Como la empresa barcelonesa Ausa, fabricante de vehículos industriales todoterreno para transportar y manipular materiales de todo tipo. Cuenta con cinco modelos eléctricos en su catálogo de 34. Son dumpers, carretillas elevadoras, manipuladores telescópicos... que se utilizan en obras de construcción, para tareas agrícolas y ganaderas, en invernaderos, paisajismo, 'garden center'... «Todo este sector está en crecimiento, pero la demanda viene del norte de Europa, de momento. De Noruega, Dinamarca y Suecia. Nuestro sector tiene cierto paralelismo con el mercado de electrificación por carretera: aquí ha empezado más tarde y más lentamente», considera Ramón Carbonell, CEO de Ausa. Por ahora, porque el futuro se presenta muy prometedor con los objetivos de descarbonización que están a la vista. «Estas soluciones vienen a resolver los problemas de los motores de combustión. En áreas urbanas y densamente pobladas las emisiones diésel, sobre todo las partículas sólidas, están excediendo los límites que regulan las normas europeas. Tiene sentido que en estos espacios en las obras de construcción se utilicen vehículos eléctricos para ahorrar emisiones. Además, la recarga es fácil porque el entorno urbano está electrificado», cree Carbonell. Para impulsar esta demanda, Carbonell sugiere que las administraciones premien en los concursos de obra pública a las empresas que presenten sus proyectos con vehículos eléctricos. Otra de las vías de crecimiento llegará a través de las grandes empresas de maquinaria de obra de alquiler que deben cumplir objetivos de descarbonización y reducir su huella de carbono. «En los planes de estas compañías, la tendencia es cumplir la legislación europea y eso implica comprar más maquinaria eléctrica. Y estas empresas cada vez suministran más a las constructoras que alquilan máquinas en función del tipo de obra que van a realizar. Nuestra demanda también proviene de estas compañías de alquiler», dice Carbonell. Estos artilugios presentan sus ventajas. Las carretillas elevadoras, los dumpers... eléctricos son bienes de equipo que precisan de una inversión (un 20-25% mayor a la de un vehículo diésel) pero requieren menos mantenimiento, el coste del ciclo de vida es más bajo y reducen un 90% los costes energéticos con respecto a un motor diésel. Ausa aprovechó sus patentes de ejes para sacar más partido a sus modelos eléctricos. «Hemos conseguido el mismo rendimiento con menos batería y somos competitivos». afirma Carbonell. Los 5 modelos eléctricos fueron lanzados al mercado en 2020, pero tuvieron antes rodaje en la capital de Francia. «El ayuntamiento de París tenía un problema de emisiones, y quería que desarrollaramos dumpers eléctricos para sus bosques. Fabricamos unos prototipos que todavía están en funcionamiento», cuenta Carbonell. Corvus es otra empresa murciana que diseña y fabrica vehículos utilitarios todoterreno (UTV). Con tecnología propia ha desarrollado un modelo eléctrico que se utiliza en los servicios de conservación urbana, en limpieza y jardinería en Zonas de Bajas Emisiones, también en aeropuertos (zona aire), industria, agricultura, medio natural, construcción… Con una batería de 15 kWh de iones de litio tiene una autonomía de 100 kilómetros por carga, según su uso y entorno. «Continuamos trabajando en extender la actual gama de UTV eléctricos con nuevos desarrollos para el sector profesional que partiendo del actual modelo tendrán mayor capacidad para pasajeros incorporando una fila de asientos trasera. Esto hará que esta referencia sea más atractiva para sectores como el del turismo que quieran dotar de movilidad no contaminante a sus clientes en diferentes entornos como viñedos, rutas forestales, etc…», señala Bernal-Quirós. La catalana Greencar ya tiene más de treinta años de experiencia en fabricar vehículos eléctricos ligeros. Comenzó en 1989 gracias al fundador Pepe Parellada, un ingeniero industrial apasionado por las motos y el golf, que tras una lesión diseñó su primer triciclo eléctrico para ir al campo. En 1992 ganó el prestigioso Premio ADI de diseño industrial y se convirtió en el primer fabricante de motos de golf eléctricas en España. Su modelo Bravo 3 tiene una versión para el deporte y otra para la industria. «Uno está destinado a los jugadores de golf y otro a grandes superficies, por ejemplo parkings de varias plantas donde los operarios tienen que recorrer largas distancias para solucionar incidencias. Se trata de optimizar los tiempos», cuenta Andrea Parellada, general manager de Greencar. Sin embargo, al ser un vehículo con tracción trasera, diseñado como un pequeño todoterreno, permite atravesar diferentes superficies e inclinaciones, lo que le otorga la capacidad para otras muchas aplicaciones. «Lo utilizan en viñedos para transportar botellas y cajas. En viveros para trasladar plantas. En camping, aeropuertos, hoteles... Tiene la gran ventaja de ser pequeño y es fácil de maniobrar en entornos donde hay mucha gente, incluso puede pasar por el hueco de una puerta, por terreno mojado, barro...», asegura Parellada. En su versión deportiva, estos triciclos, que cuentan con una autonomía de unos 50 kilómetros y se cargan en 4 horas, están en más de cien campos de golf de España, Europa y Argentina y Perú, entre ellos el Real Club de Golf del Prat y el Grand Hyatt La Manga Club Golf&Spa. Greencar también ha desarrollado un carro eléctrico para trasladar la equipación de golf o para ser utilizado en los servicios de limpieza y mantenimiento de las ciudades. «Más de 50 carros nuestros están operativos en Barcelona», apunta Parellada. Ambos productos son ensamblados en una nave industrial con la que cuenta Greencar en Rubí. «Toda la fabricación es made in Europa», asegura. Lo que empezó para ayudar a los padres de un niño con discapacidad y evitarles las lesiones causadas por el esfuerzo de empujar su silla de ruedas, es hoy una ingeniería que bajo la marca Mooevo comercializa soluciones para diferentes servicios de las ciudades. Sus carros eléctricos se utilizan en la limpieza urbana, en el reparto de cartería y en el de última milla. «Nuestro primer prototipo fue un hoverboard adaptado a la silla de ruedas. Conseguimos que el acompañante se subiera al hoverboard y empujara la silla con mucho menos esfuerzo», recuerda Ignacio Estellés, cofundador y CEO de Mooevo. Aquel primer ingenio estuvo recorriendo kilómetros en el hospital de campaña que se levantó en Ifema (Madrid) durante la pandemia. Los sanitarios pudieron así ahorrar tiempo y esfuerzo en los traslados de sus enfermos en silla de ruedas por aquellos inmensos pabellones. Ese mismo año Mooevo ganó el Reto Lehnica 2020, una iniciativa de Correos Labs, y esta tecnología comenzó a aplicarse «a los carros de los carteros del futuro», como los denomina Estellés. Hoy recorren las calles de Teruel, Lérida, Málaga, Murcia, Ponferrada, Lorca... Y está previsto que lleguen a 120 ayuntamientos de toda España en los próximos meses. Desde entonces, esta startup madrileña ha desarrollado diferentes soluciones que hoy están en el mercado. «Tenemos varios vehículos eléctricos con muchas utilidades que adaptamos a las necesidades del cliente ya sea un ayuntamiento, empresa... Pueden incorporar GPS, control de velocidad, de flota... Recoge muchos datos, con los que se optimizan los recorridos. Y todo el diseño, ingeniería y patentes es nuestra y la fabricación se hace en España». El modelo Smart es el que utilizan los carteros de Correos y servicios de limpieza de muchos ayuntamientos. Es un carrito patinete eléctrico que puede transportar herramientas de limpieza o cartas y paquetería y también al operario. Es decir, un vehículo dual para centros urbanos, urbanizaciones, campings y resorts… «Cuando opera en modo peatón ayuda a empujar el carro y a subir cuestas, y puede andar por la acera. Cuando lo hace en modo vehículo cuenta con una plataforma que se despliega, el barrendero se sube a ella y se convierte en un vehículo aprobado por la Dirección General de Tráfico que puede desplazarse por la calzada», explica Estellés. Tiene una autonomía para unos 25 kilómetros y lleva una batería extraíble de litio que se puede recargar (entre 3 y 4 horas) en cualquier punto de la ciudad. Estos carros eléctricos son cero emisiones y además facilita mucho el trabajo a los operarios que los utilizan. «Los barrenderos, carteros... hacen su trabajo andado y es sumamente ineficiente. El barrendero sale de su cantón y quizá tenga que andar 5, 7 o 9 kilómetros hasta su zona de limpieza y después regresar, cargando con su carro. Este tiempo es improductivo y empujar un carro pesado por aceras difíciles, en zonas con muchos adoquines, cuestas empinadas, largas distancias, a la intemperie... causa lesiones al cabo de los años. Nuestro carro con motor eléctrico les facilita su labor», defiende Estellés. Los servicios de limpieza de Madrid, Toledo, Puertollano, Cáceres.... ya cuentan con un puñado de estas plataforma circulando por sus calles. «Reduce un 32% los tiempos de trabajo, es decir lo que se hacía en una hora se realiza en 45 minutos», matiza Estellés. Nuevos artilugios que cogen velocidad hacia la electromovilidad más allá de las carreteras.