Trabajar de cara al público nunca es tarea fácil. Hay quienes día tras día, si tienen la mala suerte de toparse con un cliente que no sabe comportarse, terminan su jornada con anécdotas de todo tipo, que pueden ser más o menos desagradables. Y, entre todos esos trabajos afectados, los
camareros y camareras suelen ser víctimas habituales de esta clase de clientes.
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