Hay veces que la memoria conviene recordarla en vida, antes de que acabe y empiece a ser el último hueco por rellenar. Por eso, el gato de hoy no fue tigre, sino que lo es: Alberto García-Alix. El fotógrafo es un Madrid de esquina a esquina. De todas sus fotos. De todas sus miradas; a veces sucia, otras bruta, primitiva, pero siempre tierna y sutil, aunque al mirarlas uno vea las cicatrices. Como si eso de hacer fotos fuera, más que un retrato, un instante quieto que no volverá. Aunque naciera en León a mediados de los años cincuenta, Alberto García-Alix hizo de esta ciudad una excusa para toda su vida: un motivo para volver y, sobre todo, el fotomatón...
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